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Los ciertos y seguros límites de Vivir del cuento

Por el 9 junio, 2014
En el set de filmación del espacio humorístico Vivir del cuento, en la TV cubana.
En el set de filmación del espacio humorístico Vivir del cuento, en la TV cubana.

Nadie duda que sea el programa de la Televisión Cubana que cuenta hoy con mayor audiencia; mucho más que la novela brasileña de turno o el filme de acción del sábado por la noche; Vivir del cuento nos hace reír y pensar a todos pero obviamente, como todo en la Isla, se mueve dentro de ciertos y seguros límites.

El éxito del espacio humorístico Vivir del cuento

Empiezo por decir que los cubanos nos reímos hasta de nuestras desgracias e infortunios, y así ha sido históricamente; quizás con la risa espontánea conseguimos endulzar un tanto esa vida que llevamos de conflictos sin respuestas.

A mi juicio radica en que se sumerge y refleja una parte de nuestra dura cotidianidad a través del humor; se asoma a temas archiconocidos, generalizados, y lo hace además con una buena dinámica y un ingenio que todos apreciamos.

Pánfilo y Chequera, dos de los personajes humorísticos principales.

Pánfilo y Chequera, dos de los personajes humorísticos principales.

Gusta porque enuncia problemas, por los personajes populares clásicos que lo sostienen, porque representa lo que es la Cuba de hoy, pero no llega a pintarla completa; también porque Pánfilo y Chequera (ambos personajes del show) expresan en sus parlamentos lo que la mayoría decimos o pensamos a diario, pero solo en parte.

Los guiones ponen al descubierto muchas de las inconformidades que tenemos, y ese es un mérito indiscutible del programa sobre todo si lo comparamos con lo que publican, o mejor sería decir con lo que no publican los medios de comunicación, agarrotados por la censura.

Vivir del cuento es a mi juicio una pequeña ventana que nos han abierto para respirar y oxigenar algo; quizás debemos estar agradecidos a sus censores que muestren una mayor tolerancia que los fiscalizan y mandan en la prensa y los restantes medios.

Pero que sean flexibles y aparentemente menos estrictos no significa que dejen de cumplir con las funciones que les corresponde como funcionarios al servicio del Departamento Ideológico del Partido Comunista de Cuba, ya sean retribuidos o voluntarios.

Este aparato del partido gobernante conoce muy bien los estados de opinión de la población, y hábilmente permite ahora que en el programa televisivo se reflejen en alguna medida, pero siempre podrán hacerlo estos humoristas dentro de ciertos límites que no pueden franquearse.

El problema puede enunciarse en el programa: pero no podrán mencionar quién es el culpable de que escasee la papa, o de que una entidad como ETECSA preste un mal y caro servicio.

Se cumple así en Vivir del cuento ese elocuente dicho popular: Se puede jugar con la cadena pero no con el mono.

Autor: Ariel Sangalo

Cubano y habanero de pura cepa. Nacido en El Cerro, ha tenido una formación artística muy amplia. Desde temprana edad se vinculó a la música, posteriormente cursó estudios de lengua y literatura. Actualmente se desempeña como Profesor de lengua castellana.

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