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La Guaracha y la picardía cubana

Por el 3 marzo, 2015
La guaracha se trata de un tipo de canción graciosa que apareció a fines del siglo XVIII, muy popular y que describía tipos y costumbres.
La guaracha se trata de un tipo de canción graciosa que apareció a fines del siglo XVIII, muy popular y que describía tipos y costumbres.

Nos llegó, como otras tantas herencias, de Andalucía, dentro de la picaresca bufa en el siglo XIX, pero acá creció, floreció y se aplatanó la guaracha con el agrego de la picardía cubana, y ese doble sentido tan nuestro.

Componente fundamental en otros ritmos cubanos

La guaracha está presente en nuestro son, el cha-cha-chá, en la salsa o timba, porque todos estos géneros igualmente se apoyan el esa forma tan peculiar que tenemos los cubanos de interpretar y disfrutar el humor genuinamente criollo.

Los ejemplos sobran en nuestra música popular, tanto la compuesta e interpretada en el siglo XX como en la presente centuria, y ninguno de nuestros compositores, desde los que pueden ser considerados más académicos, como Ernesto Lecuona y Jorge Anckermann, hasta los más populares, como Ñico Saquito, Manuel Corona y Sindo Garay, entre otros muchos, lograron escapar de su benéfica y fuerte influencia.

Es que ese ritmo tan contagioso y vivo de la guaracha, bailable por demás, y ese abordaje de temas alegres, simpáticos, caricaturizando hechos y personajes de la cotidianidad, siempre con la gracia y picardía cubanas era y es una verdadera tentación para músicos y compositores.

La guaracha siguió un incesante proceso de transculturación, sobre todo a partir de ser asumida y desarrollada con formatos orquestales más grandes, como los de las agrupaciones netamente soneras; pienso en el Conjunto de Arsenio Rodríguez, El Ciego Maravilloso, y en la Sonora Matancera, con la voz y el estilo inconfundible de Celia Cruz, que merecidamente fue catalogada como La Guarachera de Cuba y que implantó un sello distintivo de interpretación.

También lo hicieron Los Compadres, Caridad Hierrezuelo, Compay Segundo con su grupo, Caridad Cuervo, el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro, y sobre todo Faustino Oramas, El Guayabero.

En el último medio siglo otras agrupaciones se apoyaron e incluyeron exitosamente la guaracha en su repertorio, como Adalberto Alvarez y su son, Van Van, Pedro Luis Ferrer, el grupo Manguaré, Pancho Amat y El Cabildo del Son, Eliades Ochoa, Frank Delgado, el dúo Buena Fe que mantienen vivo el género inclusive entre las más nuevas generaciones de cubanos.

Pienso que en el último decenio se produce una verdadera explosión de cultivadores de la guaracha, ya sea fusionada con otros géneros o en un estado más o menos tradicional. En ese grupo tenemos a Tony Ávila, Fernando Bécquer, Ray Fernández, Los 3 de La Habana, pero no son los únicos.

No es arriesgado afirmar que estamos en presencia de una muy saludable revitalización de un género que mantiene su vigencia, porque se nutre con nuestro hablar, porque aborda con inteligencia, humor y picardía cubana la cotidianidad por dura que sea, porque nos mueve a una reflexión activa, y porque la guaracha cumple con esa alta misión de alegrar la vida de los nacidos en esta Isla.

Autor: Gonzalo Santarosa Silva

Nacido en La Palma, Pinar del Río, Cuba. Estudió arquitectura y urbanismo en la Universidad de La Habana. Se ha desempeñado como urbanista en su localidad, y a pesar que ha vivido en el extranjero, su terruño natal lo ha marcado profundamente, en la actualidad reside en su provincia natal. Apasionado de la música campesina y los grandes clásicos cubanos.

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