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Bobby Salamanca, un narrador deportivo muy criollo

Por el 12 Enero, 2015
La primera narración deportiva de Salamanca ocurrió a finales de la década del cuarenta, en un show radial de participación que animaba el gran Germán Pinelli.
La primera narración deportiva de Salamanca ocurrió a finales de la década del cuarenta, en un show radial de participación que animaba el gran Germán Pinelli.

Más de un cubano lo hacía cuando coincidía que la televisión y Radio Rebelde estuvieran transmitiendo el mismo juego de béisbol: enmudecían su televisión, sintonizaban esta emisora y se deleitaban con las narraciones radiales de Bobby Salamanca, un narrador deportivo muy criollo.

El siempre agudo, ingenioso, popular, emotivo y simpático Juan Antonio “Bobby” Salamanca

La isla ha producido grandes atletas en muchas disciplinas, pero también ha tenido la dicha de contar con excelentes narradores y comentaristas deportivos, especialmente desde la década del 40 de pasado siglo para transmitirnos sus hazañas.

En esa imperecedera lista aparecen con letras de oro “Felo” Ramírez, “Cuco” Conde, Rubén Rodríguez; aunque no pude disfrutar de las narraciones de los dos primeros, hay consenso entre quienes sí lo escucharon sobre su maestría, profesionalidad y cubanía.

Es que esos narradores establecían un “rapport”, como dicen los psicólogos, con los televidentes y oyentes, muy efectivo, diáfano y fluido, como igualmente lo consiguiera magistralmente después Bobby Salamanca.

Como por obra y gracia de los dirigentes del país se hizo coincidir nuestras Series de Nacionales de Béisbol con las interminables zafras azucareras, Bobby se valió de recursos verbales de esta contienda, para con gracia, acercarse a los que lo escuchaban en toda la nación.

Ante cada strike Bobby decía: “azúcar abanicando”, o “el pez mordió el anzuelo”, y si el bateador se ponchaba pronunciaba “tres golpes de mocha y lo tiró para la tonga”, apropiándose con chispa de la jerga azucarera.

Tal y como hicieron “Felo Ramírez” y “Cuco Conde” en su momento, usando sobrenombres para los peloteros, que ayudaban a identificarlos, así también Bobby comenzó a “bautizarlos” respetuosamente con calificativos monumentales que han llegado a nuestros días.

“Señor Pelotero” para uno de los más grandes jugadores del último medio siglo, el pinareño Luis Giraldo Casanova; o “el Gigante del Escambray”, para el espirituano-cienfueguero Antonio Muñoz, son dos ejemplos de pseudónimos representativos que no merecerá ningún otro pelotero.

A Bobby Salamanca lo apreciábamos por ser un narrador simpático, cercano, popular, dinámico, nada encartonado, ni sobrecogido por los esquemas político-ideológicos, mal del que padecieron otros narradores contemporáneos como Eddy Martín y Héctor Rodríguez (ambos fallecidos), por solo citar dos de ellos.

Campeonato Mundial 1969 narrado por Bobby Salamanca

Sirva este breve elogio para mantener vivo en la memoria de los cubanos al carismático Bobby Salamanca, que desde los micrófonos mantuvo una tradición en la narración deportiva, entre otras cosas porque nunca dejó de mencionar a todos los que le aportaron a la historia del deporte nacional, de cualquier época, para que trascendiera su legado hasta hoy.

Autor: Calixto Suárez Vázquez

Nacido en Morón, Ciego de Ávila, Cuba. Estudié en Escuela preparadores físicos, Licenciado en Cultura Física. El deporte ha sido mi pasión, pero también me gusta entablar nuevas amistades, conocer nuevos temas y debatirlos, libre pensador y opinólogo.

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