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El deporte revolucionario devora a sus atletas

Por el 10 julio, 2014
Eugenio George dirigió durante largos años la "selección del Caribe" que conquistó las medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, Atlanta 1996 y Sydney 2000, y la de bronce en Atenas 2004.
Eugenio George Lafita, elegido el mejor entrenador de equipos femeninos del siglo XX por la Federación Internacional de voleibol y figura principal de la escuela cubana de ese deporte.

Creo que no hay un solo deportista o entrenador cubano que se haya retirado del ejercicio activo que esté conforme con la atención y el trato que debieran dispersarle las autoridades del INDER, el ente del deporte revolucionario que como Saturno devora a sus atletas.

Si sucede con los peloteros ¿qué pueden esperar los otros deportistas?

El caso más reciente, triste y escandaloso que tuvimos fue por el fallecimiento de Eugenio R. George Lafita, que fuera justamente declarado como Entrenador del Siglo XX por la Federación Internacional de Voleibol (FIVB) por su eficiente labor en el desarrollo de este deporte en Cuba, especialmente en la rama femenina.

Parece que Fidel Castro, que es el responsable de este lamentable estado de cosas que vivimos en Cuba, incluyendo la desatención crónica a los deportistas que le trajeron cientos de medallas y títulos de todas las categorías para exacerbar su desmesurado ego, ahora se quiere desmarcar públicamente con estos desaguisados, y lo hizo con la muerte de Eugenio George.

La nota que publicó el anciano dirigente por el deceso de esta gloria del deporte nacional tiene un sinnúmero de lecturas, y múltiples interpretaciones. Pero como señaló el colega Carlos Novás Piedra en su comentario, Desacuerdos en sus propias filas, cada día afloran más diferencias entre fidelistas y raulistas y esta reflexión es una muestra de ello.

Confiesa el mayor de los Castro en esa gacetilla que se enteró de la muerte del preparador leyendo el periódico Granma que circula todos los días menos el domingo, día en que se sepultó a George.

¿Y dónde queda aquello de que desayuna cada día leyendo 200 folios de información, al decir de García Márquez?; ¿o es deficiente entonces el trabajo de Rolando Alfonso Borges al frente de sus asesores y ayudantes, o le escamotearon al ex gobernante la noticia del deceso por su delicado estado de salud?

Todas esas preguntas quedan sin respuesta, en medio de una tupida neblina informativa.

Hay otra pregunta que nos hacemos los cubanos: su ayudante, digamos que le quiso ocultar la necrológica a su jefe, pero ¿no está autorizado a mandar coronas florales “de oficio”, a nombre de Fidel Castro, y no lo ha hecho así otras muchas veces?

Mirella Luis, palabras de despedida en el entierro de Eugenio George.

Mirella Luis, palabras de despedida en el entierro de Eugenio George. ©cubadebate

Los que apreciamos la labor de Eugenio George, que enterados por los medios de prensa supimos de la noticia y pudimos acompañar sus restos a la habanera Necrópolis de Colón, no podíamos creer que fuera inhumado en el ataúd de peor calidad que se fabrica en Cuba, armado con una calamitosa madera, de pino o almácigo, forrado en una menesterosa y vasta tela gris, también de la peor estofa.

Dolidas, muy dolidas, y con toda razón estaban y siguen estando sus discípulas, las formidable Morenas del Caribe de que no se le hicieran por las autoridades del INDER, pero también por el partido y el gobierno, las exequias que merecía su excelente entrenador. Así lo expresaron allí, y también en el sitio web Cubadebate.

Quizás tarde, demasiado tarde estas otrora luminarias del voleibol femenino comprendieron algo que no querían ver o admitir: que el deporte revolucionario devora a sus propios atletas y también a los entrenadores. Y que a ellas y a los demás deportistas cubanos les puede suceder lo mismo.

Autor: Calixto Suárez Vázquez

Nacido en Morón, Ciego de Ávila, Cuba. Estudié en Escuela preparadores físicos, Licenciado en Cultura Física. El deporte ha sido mi pasión, pero también me gusta entablar nuevas amistades, conocer nuevos temas y debatirlos, libre pensador y opinólogo.

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