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Los cubanos y el doble sentido

Por el 17 octubre, 2013
Los cubanos, el humor y el doble sentido.
Los cubanos, el humor y el doble sentido.

Creo que integran una unidad dialéctica, indisoluble, indispensable: no puede existir uno sin el otro, ya sea en la práctica diaria, en la comunicación verbal y hasta en la corporal; si se piensa en uno se piensa en el otro. Por eso quiero hablarles de los cubanos y el doble sentido.

El doble sentido en nuestra idiosincrasia

La música popular es el campo donde más se percibe esa picardía, esa habilidad de compositores e intérpretes que siempre agradecemos y hacemos nuestra.

Muchos son en el pasado los que incluían el doble sentido en sus temas: quizás el más emblemático sea “El Guayabero”, el desaparecido holguinero Faustino Oramas, pero también hay que mencionar al imprescindible Ñico Saquito, a Miguel Matamoros y Siro Rodríguez, del inmortal trío de igual nombre, Armando Valdespi y Guillermo Castillo, por solo citar unos pocos.

Es una lástima que entre los autores contemporáneos no se distingan iguales astucias, pero el joven trovador Tony Ávila viene marcando pautas muy positivas y alentadoras.

Hasta el mismo título de las canciones puede ya sugerir de qué va el tema. Como ejemplos, cito dos: “La yuca de Casimiro”, de Oramas, y “La choza de Chacho y Chicha” de Ávila.

Pero tal vez lo que más nos queda de la pieza, e incorporamos hasta al lenguaje cotidiano son los estribillos, por contenidos, variadas lecturas y por el doble sentido, entre otras razones.

¿Quién no recuerda y aplica ese del Septeto Nacional, Suavecito es como me gusta más, o ese otro, formidable que pide: ponme la mano aquí, Macorina, ponme la mano, aquí? Es que hay una realidad incontrastable, que es un esquema perenne de los cubanos: el sexo y todo lo que lo desata.

Veamos otros, más que gráficos: Cuidao con el perro que muerde callao; Si me pides el pescao te lo doy…, o estos dos más explícitos: A Juana no le gusta que le monten la guagua por detrás, o el que apunta: Mira como traigo el pirulí.

Debo añadir que las obras musicales cubanas perfiladas con el doble sentido, ya sean de esta y otras temáticas jamás podrán considerarse ofensivas contra las normas sociales y la ética generalmente aceptada, pues como muy acertadamente lo definió Faustino Oramas, El Guayabero…

el doble sentido lo pone el que escucha.

Autor: Angelo Hernández Betancourt

Nació en El Vedado, Ciudad de La Habana, Cuba. Estudió en Escuela Nacional de Artes (ENA). Durante su carrera como investigador y musicólogo, ha tenido una amplia participación internacional. Actualmente colabora con algunas publicaciones de historia y enseñanza de música.

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