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Los malabarismos verbales de la Contralora General

Por el 4 marzo, 2014
Gladys Bejerano Portela, Contralora General de la República de Cuba.
Gladys Bejerano Portela, Contralora General de la República de Cuba.

En un encuentro reciente con la prensa, cuando menciona la palabra paracaídas la Contralora General de la República, Gladys Bejerano Portela trata de desvirtuar, con malabarismos verbales que el fenómeno de la corrupción no viene de arriba, de las altas esferas, de los niveles superiores de dirección estatal y gubernamental.

Minimizando un problema nacional

Gladys Bejerano Portela dialogó con la periodista Agnerys Rodríguez Gavilán para el periódico Juventud Rebelde, sobre el tema de la corrupción, encuentro publicado en los dominicales del 19 y 26 de febrero bajo los títulos “Ningún acto de corrupción sucede en un día” y “El control empieza por uno mismo”.

Esta señora, al menos en teoría, encabeza un ejército de auditores que tiene la misión de enfrentar la corrupción en sus innumerables formas. Se cae de la mata que esa fuerza debe ser perfecta, idónea, capaz, cohesionada, invulnerable además.

Pero la directiva reconoció que en la Contraloría General de la República tenemos debilidades, falta de profesionalidad, por ejemplo, que pueden poner muchas cosas en peligro. Y dijo más:

hemos pasado por intentos de soborno a nuestros auditores.

Lo que no admitió es la cifra de esos funcionarios que sí han sido sobornados. Tampoco dice qué le pasó a los dirigentes que trataron de comprar a sus supuestamente pundonorosos inspectores.

Para contrarrestar de alguna forma estas posibles acciones pervertidoras, la Contraloría paga altísimos salarios a sus empleados, y un contralor o auditor percibe un salario superior a los $ 2.000 CUP, muy por encima del salario promedio de los cubanos, o lo que es lo mismo, más de 83 CUC, moneda que tiene equivalencia con el dólar estadounidense.

Pero ni pagando esos súper salarios la Contraloría logra ocupar el 100% de sus plazas de auditores, pues ella admitió que apenas está cubierta en un 86 por ciento.

Para caracterizar el flagelo de la corrupción en este intercambio con la prensa nacional, utilizó la señora Bejerano palabras muy fuertes: descomposición, putrefacción, desintegración. Pero lo verdaderamente grave es que ese fenómeno está presente en toda la sociedad, algo que ella admite solo a medias, cuando afirma que en las complejas circunstancias del país no siempre se encuentra toda la cohesión social para prevenir y enfrentar la corrupción.

Sí, porque en su criterio, este problema y su solución no son de ella ni de sus inspectores exclusivamente, cuando afirma categóricamente que esta batalla tiene que ser de todos.

Según Gladys Bejerano el pueblo tiene el derecho y el deber de exigir honestidad, aunque el combate cotidiano sea difícil y requiera tiempo. Pero, ¿puede el pueblo acusar y señalar a los corruptos que ocupan posiciones cimeras y la Contraloría hará lo que corresponde?

Todos los cubanos lo dudamos: no es eficiente ni transparente la labor de este aparato, no nos convencen los malabarismos verbales de la Contralora como para confiar en ella, pues a cinco años de creado el órgano, lejos de frenarse, la corrupción en Cuba campea por su respeto.

Autor: Calixto Suárez Vázquez

Nacido en Morón, Ciego de Ávila, Cuba. Estudié en Escuela preparadores físicos, Licenciado en Cultura Física. El deporte ha sido mi pasión, pero también me gusta entablar nuevas amistades, conocer nuevos temas y debatirlos, libre pensador y opinólogo.

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