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La odisea de viajar hoy en los ferrocarriles cubanos

Por el 6 mayo, 2014
Ferrocarriles de Cuba. Condiciones muy malas e inseguras de transporte.
Ferrocarriles de Cuba. Condiciones muy malas e inseguras de transporte.

Cuba tiene una larga tradición ferroviaria pues contamos con este servicio de transporte desde 1837; lo tuvimos incluso 9 años antes que nuestra metrópoli, pero hoy constituye una verdadera odisea viajar en los ferrocarriles cubanos.

Hacia o desde cualquier destino en el territorio nacional

Soy de los que utilizaba con relativa frecuencia el ferrocarril para visitar a familiares y amigos en los dos extremos del país, pues viajaba tanto a Pinar del Río como a Santiago de Cuba.

Las salidas eran en el horario establecido, los vagones contaban con aire acondicionado, los asientos eran bastante cómodos, los servicios sanitarios, sin ser un dechado de limpieza eran visitables, mientras que el servicio a bordo ofertaba diversos alimentos y bebidas.

Pero así era hace varios años, en realidad muchos ya: por diversas razones, no tuve necesidad de viajar hasta los presentes días.

Recientemente, por lo que era una inminente novedad familiar me dispuse a trasladarme a la oriental ciudad de Santiago de Cuba. Acudí entonces a la Estación Central de Ferrocarril de La Habana.

Lista de espera para abordar un tren en la terminal La Coubre.

Lista de espera para abordar un tren en la terminal La Coubre.

La empleada de la ventanilla de información me aclaró que hacia la segunda ciudad en importancia en el país salían dos trenes, uno considerado regular y otro especial, pero tanto uno como otro cada tres días, aunque en contadas ocasiones se añadía un extra; que si no tenía reservación debía acudir a la cercana Estación La Coubre, para anotarme en la Lista de Espera, o de Fallos.

Por esta segunda locación también los Ómnibus Nacionales, que tienen asientos sin ocupar, deben pasar antes de iniciar su recorrido hacia los distintos destinos; en teoría de esta forma hay más posibilidades de viajar, aunque los precios difieren sustancialmente entre uno y otro medio de transporte.

Como no tenía recursos monetarios suficientes para soñar con el ómnibus, me anoté en la lista del tren regular; después de todo tuve suerte, pues hubo pasajeros que no se presentaron al convoy regular que debía salir a las 4:00 pm de ese día.

Durante mi estancia en ese lugar nada agradable, un local techado con calurosas tejas de fibrocemento, abarrotado de público, vi de todo: empleados de ómnibus y ferrocarriles corruptos, vendiendo a sobre precio, y en pesos cubanos convertibles (CUC) los asientos disponibles, policías que se hacían de la vista gorda, y a muchos, pero muchos cubanos desesperados por abordar algún vehículo salvador que los sacara de ese infierno.

La suerte me acompañaba ese día, pues una señora que rondaba los cincuenta, viajera frecuente, me aleccionó; compre, me dijo, aunque sea una botella de agua de 0.45 centavos de CUC para aplacar su sed, pues en el tren no la encontrará; y si puede encontrar una botella plástica mayor, en algún basurero, recójala y llévela para orinar, pues en los vagones, o bien los servicios sanitarios están clausurados o desbordados de excrementos de todo tipo.

No voy a detenerme en el retraso en la salida del convoy, una hora y media después de la fijada; ni que en los coches no había ni una sola bombilla que iluminara el contorno y mucho menos en las 15 horas de viaje.

Si le puedo asegurar que recordé durante todo el trayecto un poema de Federico García Lorca, que quizás fue líricamente premonitorio en el tema de los baños de estos trenes, cuando dijo:

Iré a Santiago, en un coche de aguas negras…

Los elementos expuestos deben confirmarle al lector que tendrá que vivir una genuina odisea si hoy se decide viajar con los ferrocarriles cubanos.

Autor: Gonzalo Santarosa Silva

Nacido en La Palma, Pinar del Río, Cuba. Estudió arquitectura y urbanismo en la Universidad de La Habana. Se ha desempeñado como urbanista en su localidad, y a pesar que ha vivido en el extranjero, su terruño natal lo ha marcado profundamente, en la actualidad reside en su provincia natal. Apasionado de la música campesina y los grandes clásicos cubanos.

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