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El robo de las pinturas y del diamante del Capitolio

Por el 12 abril, 2014
Robo de las pinturas desde el Museo Nacional de Bellas Artes, Cuba.
Robo de las pinturas desde el Museo Nacional de Bellas Artes, Cuba.

Veo similitudes entre estos dos hechos que nos avergüenzan a los cubanos, uno acaecido en 1946 y el otro, más recientemente: me refiero al robo de las pinturas del Museo Nacional de Bellas Artes y a la sustracción del famoso diamante del Capitolio.

Piezas de gran valor simbólico y patrimonial de la nación

Las mismas circunstancias culposas que posibilitaron la ocurrencia tanto de uno como del otro caso tienen curiosos parentescos: fue y sigue siendo alarmante la falta de control así como de vigilancia rigurosa y sistemática sobre bienes tan inestimables.

Más inexplicable resulta todo esto en el hecho actual: en nuestros días existen medios técnicos avanzados como los circuitos cerrados de televisión y alarmas de todo tipo entre otros, que supuestamente debían estar instalados en el área de almacenamiento del Museo Nacional. Y eso con independencia de los vigilantes físicos que allí debían actuar.

El ladrón o los ladrones del diamante de 25 quilates pudieron sacarlo del lugar en un simple bolsillo, sin ninguna dificultad; pero NO puede hacerse lo mismo con las decenas de cuadros, de distintos formatos, que volaron literalmente de este almacén.

En la Cuba de hoy existe, al menos en papeles, un férreo sistema de registro y control de los bienes considerados patrimoniales, sobre todo para impedir la exportación ilegal de los mismos.

¿Cómo puede explicarse entonces que estas pinturas hayan salido no solo de la custodia del Museo Nacional de Bellas Artes, sino también por las fronteras del país, evadiendo la intervención de la Aduana General de la República, que todos sabemos es un órgano del todopoderoso Ministerio del Interior?

Creo que se cae de la mata que este atentado contra el patrimonio plástico y cultural cubano es un producto de la corrupción; y no precisamente de esa corrupción más cotidiana, pedestre, simple, pero dolorosamente extendida y por muchos practicada en la nación.

La que ahora golpeó es de otro tipo: corrupción de alto nivel, o tal vez sería mejor decir de muy alto nivel, con toda seguridad de encumbrados dirigentes, que son los únicos que disponen de recursos de transporte, tecnológicos, humanos y financieros suficientes, que cuentan además con influencias y relaciones para engrasarlo todo, de forma tal que pueda lograrse una operación como esta, exitosa para ellos y prácticamente indetectable.

La sustracción del diamante en 1946 de inmediato fue reflejada ampliamente por la prensa con el consiguiente seguimiento y escándalo; hoy, el hurto de las obras de arte fue reconocido por el estado a duras penas, y si lo hizo fue para demandar colaboración de la población.

A ciencia cierta y de forma oficial nunca se supo quién o quiénes fueron los autores del robo de la gema que indicaba el kilómetro cero de la Carretera Central en el Capitolio, aunque el mismo fue recuperado, pues apareció un año después en las oficinas del Presidente de la República, Ramón Grau San Martín.

Está por ver que en esta Cuba 2014 puedan conocerse, a cabalidad y sin tapujos todos los perpetradores de este doloroso desfalco al Museo Nacional, si es que nuestras “eficientes autoridades policiales” logran primero dar con ellos; pero mucho más difícil, sino imposible, será recuperar esas meritorias obras de artes plásticas.

Creo que esa sensación de impunidad que tuvieron entonces, y tienen hoy los maleantes, que son además importantes, y ese poder golpear a gobiernos corruptos, que también roban, es una poderosa combinación que los incita a apoderarse de lo ajeno; es que sencillamente se cumple aquello de que ladrón que roba a ladrón…

Vergonzosos hechos que nos denigran como nación, que quedarán en la historia, son el robo de las pinturas y del diamante del Capitolio.

Autor: Carlos Novás Piedra

Original de Marianao, Ciudad de La Habana, Cuba. Licenciado en Ciencia de la Información. Estuvo vinculado al área científica y técnica en 10 años de su carrera, pero actualmente escribe y colabora como columnista para sitios web en temas de Política, Filosofía, Economía, Sociología y Jazz.

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