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¿A qué cubano no le gusta el guarapo?

Por el 12 enero, 2015
Cuando se camina bajo el calor intenso que generalmente azota a Cuba durante casi todo el año, el cuerpo solo pide una bebida refrescante. Entonces recordamos el sabroso gusto del guarapo, que no es más que el zumo colado de la caña de azúcar, al que se le añade un poco de hielo.
Cuando se camina bajo el calor intenso que generalmente azota a Cuba durante casi todo el año, el cuerpo solo pide una bebida refrescante. Entonces recordamos el sabroso gusto del guarapo, que no es más que el zumo colado de la caña de azúcar, al que se le añade un poco de hielo.

No puedo garantizarlo, pero es casi seguro que a partir de 1493, con la introducción por el Almirante Cristóbal Colón de las primeras simientes de caña de azúcar en la Mayor de las Antillas, pudo crearse entre nuestros primeros habitantes el gusto y afición por el guarapo, que ha devenido una tradición de los cubanos hasta nuestros días.

Guarapo y guaraperas “a.R.” y “d.R.”

Quizás inconscientemente preferimos al guarapo porque es la base, el punto de partida de toda la industria azucarera y de sus derivados, actividad económica que sin la menor duda está arraigada en nosotros, formando parte de nuestra nacionalidad y de la cultura popular cubana.

Antes de 1959 (a.R. antes de la Revolución), cuando Cuba era un emporio azucarero y no confrontaban restricciones las iniciativas privadas, guaraperas había donde quiera, no solo en las grandes ciudades; en cualquier pequeño pueblo los cubanos podían tomarse, como era ya tradicional, un sabroso y saludable guarapo al módico precio de 5 centavos, y en otros establecimientos hasta por 3 centavos.

Desgraciadamente hoy (d.R. después de la Revolución) son muy escasas las guaraperas que tenemos en la Isla, no tanto por falta de los equipos, que pueden fabricarse me imagino sin grandes complicaciones, pero sí por la carencia de las necesarias cañas para extraerle su jugo, que el estado es incapaz de suministrar.

Esto ha traído como funesta consecuencia que muchos jóvenes y adolescentes cubanos nunca hayan probado este reconstituyente néctar, rico en azúcares, calorías y proteínas, ideal si se toma frío para combatir la canícula, o para energizarse durante los raquíticos inviernos que tenemos acá.

Me cuentan mis mayores que a.R. en las guaraperas acostumbraban a moler una tapita de limón entre las cañas que una y otra vez pasaban por el molino, lo que garantizaba la obtención de un líquido aún más sabroso al contrarrestar en alguna medida tanta dulzura.

Los pocos lugares que hoy en Cuba expenden guarapo siempre tienen una larga cola de personas que aspiran a degustarlo, si antes no se quedan detenidos esos pequeños trapiches por falta de caña; pero además el precio ha variado sustancialmente, el vaso cuesta 1 peso.

Una hermosa y sana tradición que también languidece gracias a la acción de un gobierno que prácticamente ha demolido a su principal industria, la azucarera, y nos deja a los cubanos sin tomar el rico guarapo.

Autor: Eugenio Flores Cid

Nacido en el reparto El Cerro, Ciudad de La Habana, Cuba, ha colaborado en alguna publicaciones gastronómicas de la Isla y breves evaluaciones a sitios especializados en comida caribeña. Apasionado de la buena comida, se ha desempeñado como Chef de Cocina en los últimos 15 años. Aborda temas de interés como: gastronomía, hotelería, tradiciones culinarias, y la música tradicional cubana.

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