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El dominó, un juego tradicional de los cubanos

Por el 17 enero, 2015
Cuando oiga que a alguien le dieron “dos pollonas”, no piense que le regalaron dos jóvenes y apetitosas aves de corral, es que lo vencieron en dos oportunidades seguidas cuando jugaba al dominó.
Cuando oiga que a alguien le dieron “dos pollonas”, no piense que le regalaron dos jóvenes y apetitosas aves de corral, es que lo vencieron en dos oportunidades seguidas cuando jugaba al dominó.

Ya sea aprovechando la benignidad de nuestro invierno o soportando el más caluroso de los veranos, en oriente o en occidente, a cualquier hora, en cualquier calle o casa, seguro encontrará personas disfrutando apasionadamente del juego tradicional de los cubanos, el dominó.

El dominó está fuertemente arraigado en toda la Isla

De todos los que en Cuba lo juegan a diario, muy pocos saben su supuesto origen en la milenaria China, pero a ellos ¿qué les importa? Lo que quieren es jugarlo, ganar, pasar al contrario, darle pollona si es posible, levantar de la mesa a todos los oponentes; eso sí les importa.

Conozco cubanos que mantienen desde hace más de medio siglo a la misma pareja (de dominó, les aclaro); eso se consigue con una alta dosis de compenetración, de dominio de señas secretas, imperceptibles para los contrarios, con una adecuada comunicación e intercambio hasta fuera de los límites de la mesa.

Por lo general, siempre alrededor de una mesa en la que se juega dominó hay una serie de “mirones” o de “sapos”, que no pocas veces opinan, discrepan de una jugada, discuten entre sí, esperando su turno para sentarse a disputar una partida, pero que indiscutiblemente forman parte de este ambiente.

Muchos matizan las partidas, sobre todo cuando participan jugadores de una misma familia o amigos íntimos, de confianza, con una (o más botellas de ron), lo que indiscutiblemente le aporta otra dinámica, digamos que más “relajadas” a las sucesivas tandas de dominó.

Aunque en la zona oriental cada jugador lo hace con 7 fichas (del 0 al 6), y en la occidental con 10 (0 al 9), en ambas regiones hay similitudes en las denominaciones: al poner el dos, decimos el nombre de un dúo musical (Los Compadres, por ejemplo); un tres, pues “tribilín”; un cuatro, cuarteto D’Aida; un seis, Sixto Soria (un gran boxeador); un ocho, “Ochoa”, y un nueve, “Nuevitas” (zona al norte de la provincia de Camagüey), .

Si bien antes no era común ver a las mujeres sentadas a una mesa de dominó, hoy lo hacen activamente, siendo muchas féminas muy buenas poniendo fichas y calculando lo que pueden tener los rivales.

Aunque debiera (y pudiera) jugarse el dominó silenciosamente, en Cuba es muy común que no sea así; muchos, cuando están “dominando” la ronda o mano, van colocando las fichas con mucho estrépito golpeándolas en la mesa; otros jugadores discuten entre sí, acaloradamente cuando su pareja, por ejemplo, mata su “salida” o cuando hace una jugada cuestionable, o sencillamente cuando los levantan.

Por suerte, y pese a todo lo que pudiera conspirar contra su práctica, el dominó, se mantiene como el juego de mesa que más apasiona a los cubanos, y más ahora que hasta le han dado propiedades efectivas de un apráctica para prevenir el Alzheimer.

Autor: Calixto Suárez Vázquez

Nacido en Morón, Ciego de Ávila, Cuba. Estudié en Escuela preparadores físicos, Licenciado en Cultura Física. El deporte ha sido mi pasión, pero también me gusta entablar nuevas amistades, conocer nuevos temas y debatirlos, libre pensador y opinólogo.

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