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El Malecón habanero, nuestro gran sofá

Por el 6 diciembre, 2014
El malecón habanero, punto de encuentro de cubanos y turistas internacionales.
El malecón habanero, punto de encuentro de cubanos y turistas internacionales.

Creo que los dos símbolos representativos de la capital cubana son el Castillo de los Tres Reyes del Morro, y el Malecón habanero, que desde principios del pasado siglo XX se ha convertido también en un gran sofá, utilizado por igual por nacionales y extranjeros.

El Malecón habanero: un emblema que les debemos a los estadounidenses

Algo que no es suficientemente conocido entre nosotros es el hecho de que fue el General Leonard Wood, durante la primera ocupación de Estados Unidos a Cuba el que ordenó la construcción del primer tramo de una obra, que por cierto para concluirse en su totalidad demoró casi medio siglo.

Ese extenso muro que abraza cariñosamente a La Habana cumple las más disímiles funciones; unos pescan desde esta larga valla de hormigón, o desde los arrecifes aledaños; otros lo utilizan como escenario de ardientes encuentros amorosos; como plácido mirador de ese azul del Atlántico que baña la costa, o del tránsito de los buques que entran o salen de la rada.

Otros allí acuden para la recreación de sus hijos, algunos cantan y festejan con guitarras y ron; pero la mayoría busca refrescarse con la brisa marina en un paraje que siempre tiene mucho movimiento, inclusive de todo tipo de vendedores: maní, caramelos, rositas de maíz, y vaya usted a saber cuántas cosas más.

Aunque no era antaño locación de las más grandes fiestas populares de la capital, en el último medio siglo, en los meses de más calor, se ha convertido el Malecón habanero en la sede del Carnaval, lugar de jolgorio, de tránsito y evolución de comparsas tradicionales y de carrozas francamente no muy hermosas.

En este mismo periodo temporal el Malecón ha adquirido otro cometido: es un sitio para mirar o pensar en aquellos que están en la otra orilla, familiares, amigos, amores; para rumiar otros proyectos de vida, fallidos o tal vez con futuro a 90 millas de distancia; para recordar a los que yacen en el fondo de ese estrecho marítimo separador.

Nuestro Malecón por eso ha devenido también en un largo Muro de las Lamentaciones, pero habanero, un lugar en el que se ora por un futuro mejor para Cuba y para los cubanos de ambas orillas.

Autor: Roberto Viera Sánchez

Original de Matanzas, Cuba. Licenciado en Hotelería y Turismo. Desempeña funciones de guía y promotor turístico en Varadero. Aficionado al buceo y la fotografía submarina. Colabora como escritor para guías turísticas de Alemania, Canadá y España.

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