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Emigrantes cubanos: los que parten y los que quedan

Por el 5 agosto, 2013
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Creo que no hay un solo cubano que no haya sentido, profunda y totalmente, el verdadero y desgarrador sentido de aquella inolvidable canción que diera a conocer entre nosotros (y en otras partes del mundo) Alberto Cortés: “Cuando un amigo se va”.

En este más de medio siglo, los que nos quedamos, hemos visto partir a familiares y amigos, una y otra vez, en un reflujo tremendo de sentimientos encontrados, de vínculos rotos y de otros mantenidos pese a los obstáculos y las prohibiciones. Amistades que se han deteriorado hasta extinguirse; otras consolidadas por la distancia; afectos menguados cuando no extinguidos; amores perdidos inexorablemente; de todo hemos sufrido los cubanos en esta media centuria por las separaciones, tanto los que han marchado como los que permanecemos en la isla. Pero en honor a la verdad, no todo en esta materia debemos achacarlo a la emigración; en no pocas ocasiones un simple traslado, una mudada de provincia y hasta de municipio de una de las partes ha roto lazos que parecían inmutables, con el dolor que estas acciones siempre implican.

Quizás la responsable sea la esencia de algunos coterráneos, que como acostumbramos a decir acá para resumir el hecho, se “toman la Coca Cola del olvido” y pierden hasta los más elementales enlaces con familiares y con amigos, desafortunadamente. Es cierto también que las dificultades que padecemos los cubanos en la isla en el mundo de las comunicaciones modernas, ya sea Internet, correo electrónico, o sencillamente telefónica, pero que no sufren los que están en el llamado primer mundo han incidido y no poco en este campo de los desamores y extrañezas que ocurren una frecuencia lamentable.

Se pierden afinidades que a muchos encadenan entre los emigrantes cubanos; ambos éramos fanáticos de Industriales, ahora uno ha dejado de serlo y lo es de los Yankees de Nueva York, por ejemplo. En uno y otro campo los hay que asumen posiciones sectarias, en extremo severas, que generan conflictos, y dejan a un lado el merecido respeto y la útil mesura que nos debemos unos y otros, para mantener relaciones constructivas, positivas, duraderas. Es una alerta que modestamente hago, ya que después del 14 de enero, estos fenómenos pueden multiplicarse sino somos previsores.

Autor: Gonzalo Santarosa Silva

Nacido en La Palma, Pinar del Río, Cuba. Estudió arquitectura y urbanismo en la Universidad de La Habana. Se ha desempeñado como urbanista en su localidad, y a pesar que ha vivido en el extranjero, su terruño natal lo ha marcado profundamente, en la actualidad reside en su provincia natal. Apasionado de la música campesina y los grandes clásicos cubanos.

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