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La hora de los mameyes y muchas más

Por el 26 julio, 2014
Las tropas británicas que ocuparon La Habana por 11 meses, vestían unas casacas color rojo mamey, de ahí esa frase popular que perdura hasta hoy cuando dichas tropas comenzaban sus rondas, la hora de los mameyes.
Las tropas británicas que ocuparon La Habana por 11 meses, vestían unas casacas color rojo mamey, de ahí esa frase popular que perdura hasta hoy cuando dichas tropas comenzaban sus rondas, la hora de los mameyes.

En Cuba tenemos nuestra propia forma de clasificar y nombrar las horas, ese espacio de tiempo universal que es la vigésimo-cuarta parte de una rotación terrestre; casi siempre estará en dependencia de ciertos acontecimientos. Ese es el caso de la hora de los mameyes, y de muchas más.

“Las horas”determinadas por nuestra historia, cultura y tradiciones

Durante el año de ocupación inglesa de San Cristóbal de La Habana, fue establecido un riguroso toque de queda nocturno, pudiendo solo circular durante el mismo, por nuestras estrechas y empedradas calles las tropas británicas, que vestían unas casacas color rojo mamey, de ahí esa frase popular que perdura hasta hoy, la hora de los mameyes.

Cuando el sol está totalmente en posición cenital, con una verticalidad absoluta, ya sea en nuestros ardientes veranos y en los no menos inviernos demasiado tropicales, es cuando más sentimos sus abrazadores rayos, pues no hay que preguntar, esa es la hora en que la mona no carga al monito.

Si unos cubanos preparan una operación militar, al fijar el momento preciso de ejecutarla, después de sincronizar sus relojes, no hablarán de la “hora cero”, sino de una más significativa para todos nosotros, de la hora del cuajo.

No hay que dar un valor numérico horario cuando quedamos para vernos con un amigo o una dama si precisamos que nos encontraremos a la hora del cañonazo, una tradición sonora que viene desde que éramos una colonia de España.

También es muy conocida y aceptada por convención nacional la hora en que mataron a Lola, las 3 de la tarde, para recordar el preciso minuto en el que fue ultimada una prostituta habanera de alto vuelo, una frase que acuñó públicamente el Presidente de la República en 1948, el Dr. Ramón Grau San Martín y que dio origen a una popular canción que aún se escucha esporádicamente en nuestros días.

Precisamente a la hora en que mataron a Lola, como se rememora en el comentario blancos, mulatos y negros tomamos café, la ciudad capital y en casi toda la Isla se inundaba de la apreciada fragancia del café recién colado, un instante que se convertía en un breve pero estimulante receso en la jornada laboral de nuestros padres y abuelos para degustar una inigualable taza de café cubano.

Una costumbre y un hábito, que como tantos otros, en el último medio siglo, lamentable y prácticamente ha desaparecido entre los cubanos de hoy, los que se están quedando sin identidad y sin horas.

Autor: Roberto Viera Sánchez

Original de Matanzas, Cuba. Licenciado en Hotelería y Turismo. Desempeña funciones de guía y promotor turístico en Varadero. Aficionado al buceo y la fotografía submarina. Colabora como escritor para guías turísticas de Alemania, Canadá y España.

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