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Juego de bolas; entretenimiento infantil casi extinguido.

Por el 19 diciembre, 2014
El juego de bolas ya es prácticamente una rareza en Cuba, son muy pocos los menores que lo juegan, principalmente por la carencia de las canicas o ya sea por el cambio cultural que ha impuesto la sociedad moderna, sobre todo con los juegos electrónicos.
El juego de bolas ya es prácticamente una rareza en Cuba, son muy pocos los menores que lo juegan, principalmente por la carencia de las canicas o ya sea por el cambio cultural que ha impuesto la sociedad moderna, sobre todo con los juegos electrónicos.

Un juego popular antiquísimo, y por ello también tradicional en la Isla, desgraciadamente casi se ha extinguido, no sé si desplazado por atractivos entretenimientos electrónicos o por carencias materiales incontables, u otra razón, pero lo cierto es que los niños cubanos ya no juegan a las bolas.

Muchas actividades lúdicas desaparecen en la Cuba de hoy

No hace tantos años, era común ver a grupos de pequeños jugando a la quimbumbia, un entretenimiento que tenía algunas similitudes con el béisbol; o al “quemao”, al “pegado”, a los escondidos, al burro, y por supuesto, a las infaltables bolas (o canicas), pasatiempos todos que contribuyeron al desarrollo psicomotor de los infantes nacidos en otras décadas.

Además, casi todas eran distracciones que no demandaban de recursos materiales, solo del físico de los participantes y de sus habilidades para correr, saltar, lanzar, batear, etc.

No sucedía así con el juego de bolas, pues el jugador requería al menos una de esas pequeñas esferas de cristal, muy comunes y fáciles de conseguir en cualquier establecimiento comercial, hasta en el más modesto y remoto, y que eran además baratísimas.

Con solamente una bola el niño, si era certero en sus tiros, al vencer a sus contrarios, iba haciéndose de las canicas que perdían los rivales, pudiendo irse con los bolsillos llenos de ellas.

Los chicos jugaban a las bolas por lo general en tres modalidades básicas: “el quimbe y cuarta”, que era posiblemente el más famoso y practicado de los modos, así como “el perseguido”, y “el guao”; pero en dependencia de la región geográfica a este último también le llamaban “el pocito”, “el hueco”, entre otras denominaciones.

Les describo “el perseguido”; en esta variante participan dos niños, que de forma alternada tratan de golpear la bola del rival, que previamente ha sido plantada en una posición: el que gana se queda con la canica del contrario.

El popular “quimbe y cuarta” es muy similar al “perseguido”, con la diferencia de que al quimbar el perdedor abonará dos bolas y no con una, si la esfera que golpeó queda ubicada a menos de una cuarta de la canica del rival.

En el “guao” o “pocito”, el agujero está situado a unos tres metros de una raya, punto desde que se lanzan sus bolas los jugadores; el primero que logre alojarla en el hueco, puede hacer varios tiros a las que quedaron por fuera.

Hoy es muy raro ver a unos niños cubanos jugando con sus bolas en parques o calles de la Isla; tal vez sea una consecuencia de las modernidad, de la generalización de juegos electrónicos, de la creciente dinámica de la existencia contemporánea, de las escaseces, de los impagables precios de hasta el más primario de los juguetes, pero desgraciadamente ese juego tradicional está casi extinguido entre nosotros.

Autor: Carlos Novás Piedra

Original de Marianao, Ciudad de La Habana, Cuba. Licenciado en Ciencia de la Información. Estuvo vinculado al área científica y técnica en 10 años de su carrera, pero actualmente escribe y colabora como columnista para sitios web en temas de Política, Filosofía, Economía, Sociología y Jazz.

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