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Albert Einstein en La Habana: un turista singular

Por el 2 septiembre, 2013
Albert Einstein, en la corta visita que realizó a Cuba en 1930.
Albert Einstein, en la corta visita que realizó a Cuba en 1930.

A lo largo de los siglos muchos visitantes extranjeros han honrado con su presencia a la capital cubana, pero quiero referirles hoy la historia de Albert Einstein quien fue un turista singular en La Habana.

La corta estancia de apenas 36 horas de Albert Einstein en La Habana

El científico más trascendental del siglo XX y Premio Nobel de Física, Albert Einstein conoció La Habana durante una breve estadía de apenas 36 horas, los días 21 y 22 de diciembre de 1930, ya que el buque Belgenland en el que viajaba este genio con su esposa desde Amberes, hizo una escala de reabastecimiento en nuestra Villa de San Cristóbal de La Habana.

Toda la comunidad científica nacional, pero sobre todo los ilustrados numerarios de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales y de la Sociedad Geográfica fueron los principales anfitriones de tan ilustre y extraordinaria figura, siempre acompañados por decenas de periodistas, fotógrafos y camarógrafos cubanos y extranjeros, pues su sola presencia en la Isla era noticia de primera plana en cualquier medio del mundo.

Un intenso programa de actividades, agasajos y visitas oficiales le tenían preparado a Albert Einstein: entre ellas a la Academia de Ciencias, a la ya numerosa comunidad hebrea en Cuba, un delicioso almuerzo en el entonces majestuoso Hotel Plaza, así como un vasto recorrido que lo llevó por Santiago de las Vegas, Miramar y las instalaciones del Country Club y el Havana Yatch Club.

Aunque los diciembre en Cuba nos traen por lo general una temperatura agradable, el calor y el sol tropical golpearon duramente al investigador alemán, que modestamente pidió comprar un sombrero para protegerse de la canícula. La fabulosa tienda El Encanto recibió al científico con todos los honores, y allí el dueño del establecimiento le regaló lo mejor que tenía, el llamado sombrero de Panamá, que se manufacturaba en Ecuador, en la región de Jipijapa, con las fibras de una palmera de igual nombre, y que en Cuba conocíamos así, como de Jipijapa, un gesto que Eistein mucho agradeció, al punto que este artículo lo acompañó durante sus jornadas habaneras como consta en muchas fotos.

Aprovechó el sabio sus últimas horas en La Habana para conocer los lugares menos favorecidos de la urbe; cuarterías y solares de la Habana Vieja, repartos insalubres conocidos como llega y pon, el Mercado Único fueron por él visitados en la mañana del 22 de diciembre de 1930.

El buque Belgenland, a la 1 en punto de la tarde del 22 de diciembre soltó amarras para enfilar el canal del Morro. Oscilando cariñosa y amablemente su nuevo sombrero de jipijapa, desde la cubierta de la nave este brillante científico y pensador, Albert Einstein un turista singular en La Habana, se despedía de ella y de los amigos que acá quedaron.

Autor: Roberto Viera Sánchez

Original de Matanzas, Cuba. Licenciado en Hotelería y Turismo. Desempeña funciones de guía y promotor turístico en Varadero. Aficionado al buceo y la fotografía submarina. Colabora como escritor para guías turísticas de Alemania, Canadá y España.

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